miércoles, 26 de octubre de 2011

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Aunque la gente se aturda
Diré sin citar la fecha,
Lo que la mano derecha
Le dijo un día a la zurda.

Y por si alguno creyó
Que no hay izquierdas con labia,
Diré también lo que, sabia,
La zurda le contestó.

Es, pues, el caso, que un día,
Viéndose la mano diestra
En todo lista y maestra,
A la izquierda reprendía.

''-Veo, exclamó con ahinco,
Que nunca vales dos bledos,
Pues teniendo cinco dedos,
Siempre eres torpe en los cinco.

Nunca puedo conseguir
Verte coser ni bordar.
¡Tú una aguja manejar!
Lo mismito que escribir.

Eres lerda, y no me gruñas,
Pues no puedes, aunque quieras,
Ni manejar las tijeras
Para cortarme las uñas.

Yo en tanto las corto a ti,
Y tú en ello te complaces,
Pues todo lo que no haces
Carga siempre sobre mí.

¿Dirásme, por Belcebú,
En qué demonios consista
El que, siendo yo tan lista,
Seas torpe siempre tú?

''-Mi aptitud, dijo la izquierda,
Siempre a la tuya ha igualado;
Pero a ti te han educado,
Y a mí me han criado lerda.

¿De qué me sirve tener
Aptitud para mi oficio,
Si no tengo el ejercicio
Que la hace desenvolver?''

La izquierda tuvo razón;
Porque, lectores, no es cuento:
¿De qué os sirve el talento
Si os falta la educación?

Miguel A. Príncipe

((Hoy soñé con ella, quien sabrá que querrá decirme... Yo si sé que le diría: mi inspiración me la otorgaste y mi motivación siempre fue tuya. Escribo mis sueños con la tinta que me regalaste. ))